
El neumotórax es la presencia de aire en el espacio pleural que puede colapsar parcial o totalmente el pulmón. El hemotórax es la acumulación de sangre en la misma cavidad, frecuente tras trauma. El empiema es la infección del espacio pleural con pus, que puede complicar neumonías, derrames parapneumónicos o procedimientos previos. Las tres entidades comprometen la ventilación y, según su gravedad, constituyen urgencias que requieren drenaje y, en casos seleccionados, cirugía torácica.
Está indicado el manejo especializado ante neumotórax a tensión, neumotórax persistente o recurrente, hemotórax masivo o retenido, empiema en cualquier fase que no responde a antibióticos y drenaje, y complicaciones pleurales post-neumonía. La toracoscopia o toracotomía se plantea cuando el drenaje simple no resuelve el cuadro o existen loculaciones, fístulas aéreas prolongadas o sepsis pleural.
Neumotórax: dolor torácico súbito y disnea; en forma tensional puede haber hipotensión, taquicardia y desviación traqueal. Hemotórax: dolor, disnea y signos de shock si el sangrado es importante. Empiema: fiebre persistente, escalofríos, dolor pleurítico y mal estado general pese a antibióticos. Cualquiera de estos cuadros con deterioro clínico requiere atención inmediata.
La radiografía de tórax confirma neumotórax o derrame; la tomografía detalla loculaciones, hemotórax retenido y extensión del empiema. Analítica, hemocultivos y cultivo del líquido pleural orientan el tratamiento antibiótico. En trauma se valora estabilidad hemodinámica y lesiones asociadas. La clasificación del empiema en fases guía si basta drenaje, fibrinólisis o decortication quirúrgica.
El drenaje pleural con tubo torácico es el pilar inicial. En neumotórax recurrente puede realizarse pleurodesis o cirugía por toracoscopia. El hemotórax masivo puede requerir exploración urgente. El empiema se trata con antibióticos dirigidos, drenaje, lavados, fibrinólisis o decortication/VATS según la organización del exudado y la respuesta clínica.
La intervención oportuna restaura la capacidad ventilatoria, controla la infección pleural y reduce mortalidad en cuadros graves. Abordar el empiema en fases tempranas evita la fibrothorax y el atrapamiento pulmonar crónico, que son difíciles de tratar posteriormente.
Durante el drenaje pleural se monitoriza el débito, la fuga aérea y la oxigenación. Se administra analgesia, antibióticos cuando corresponde y fisioterapia respiratoria. El retiro del tubo se realiza cuando el pulmón está expandido y, en neumotórax, cuando cesa la fuga aérea durante un periodo definido.
Radiografías de control confirman resolución completa. En neumotórax recurrente se discuten medidas preventivas. Tras empiema se vigila recuperación funcional y posibles secuelas pleurales. Ante recurrencia de síntomas o fiebre, debe reevaluarse sin demora.