
El derrame pleural es la acumulación anormal de líquido en el espacio entre la pleura visceral —que recubre el pulmón— y la pleura parietal —que recubre la pared torácica. Puede ser trasudado, por alteraciones de presión o proteínas plasmáticas, o exudado, por inflamación, infección, cáncer u otras enfermedades. Cuando el volumen es significativo comprime el pulmón y produce disnea; en algunos casos el líquido debe analizarse para identificar la causa y definir el tratamiento.
Requiere intervención cuando el derrame es grande, causa síntomas, no responde a tratamiento médico, es de etiología desconocida o se sospecha malignidad, tuberculosis, empiema incipiente o hemotórax. La toracocentesis diagnóstica y, si persiste o se repite, el drenaje pleural o la cirugía torácica están indicados según los hallazgos bioquímicos, citológicos y microbiológicos del líquido.
Los síntomas más frecuentes son disnea progresiva, dolor torácico pleurítico, tos seca y sensación de peso en el tórax. En la exploración puede disminuir el murmullo vesicular y percibirse matidez a la percusión. Derrames rapidamente progresivos, fiebre, sudoración nocturna o pérdida de peso asociada requieren estudio urgente para descartar infección, tuberculosis o enfermedad neoplásica.
Se inicia con radiografía de tórax y ultrasonido torácico o tomografía para cuantificar el derrame y evaluar el pulmón subyacente. La toracocentesis permite analizar aspecto, proteínas, LDH, glucosa, pH, celularidad, cultivo, citología y pruebas específicas según sospecha clínica. Criterios como los de Light distinguen trasudado de exudado y orientan la causa.
El tratamiento puede incluir toracocentesis evacuadora, colocación de drenaje pleural, fibrinólisis intrapleural en loculaciones tempranas, toracoscopia con biopsia pleural, pleurodesis para derrames recurrentes malignos o decortación en fases organizadas del empiema. La elección depende de la etiología, la cronicidad y la respuesta al manejo inicial.
Drenar y estudiar el derrame alivia la disnea, permite diagnóstico etiológico preciso y evita complicaciones como empiema, fibrothorax o atrapamiento pulmonar. En derrames malignos recurrentes, la pleurodesis puede mejorar de forma duradera la calidad de vida respiratoria del paciente.
Tras toracocentesis o drenaje se vigila la reexpansión pulmonar con radiografía, el débito del drenaje y signos de complicación como neumotórax o sangrado. El paciente recibe indicaciones sobre cuidado del drenaje, actividad permitida y cuándo acudir por fiebre, aumento de disnea o cambios en el aspecto del líquido drenado.
Se programan controles para revisar resultados de laboratorio e histopatología, ajustar tratamiento de la causa de base y decidir retiro del drenaje o procedimientos adicionales. En derrames crónicos o recidivantes puede requerirse revaloración periódica con imagen para detectar reacumulación temprana.